En la universidad siempre me han dicho que un periodista debería escribir para su público, pero en esta ocasión yo creo que la entrada está dirigida a mi misma. Poco a poco se comienzan a asentar algunas ideas que me llevan rondando desde hace tiempo la cabeza y que hacen que en general, toda mi vida cobre sentido.
¿Qué extraño, verdad? Que las cosas cobren sentido así como en retrospectiva. Es como si viésemos la película de Memento o de origen, hacia atrás. Pero con las piernas ancladas en el presente.
Este camino del que estoy hablando nació cuando me convertí en madre, siete años atrás. Con mi primera hija me convencí de que había algo diferente y brillante en ella que no veía en los demás niños, y que día tras día me maravillaba. Comencé a leer, a investigar y a intentar convertirme en la mejor madre posible para ella, y cuanta más información consumía, más claro me quedaba que había algo que no se ajustaba al patrón general. Al poco tiempo la palabra «altas capacidades» comenzó a instalarse en mi vocabulario sin todavía una identificación clara ni mucho más que lo que había leído para poder sostenerla. Con muchas anécdotas y asombro a nuestro alrededor. Pero mi intuición estaba convencida de ello, así que le hice caso.
El tiempo terminó confirmando mi sospecha ya que conforme ella iba creciendo, las alas que desplegaba eran cada vez más grandes. Así que decidimos evaluarla. Sin embargo, en esta primera ocasión, los resultados que con tanta ansia esperaban fueron no concluyentes. Qué extraño, cuando todo el mundo comenzaba a ver que aquella búsqueda se sustentaba en cimientos claros, todo se derrumbaba.
No está en mi naturaleza rendirme, por lo que al tiempo consultamos a otros profesionales especializados en este colectivo y bingo, el perfil cuadraba. Lo que no me imaginaba yo, era que poco después, llegaría también a confirmar mis altas capacidades. Mi neurodivergencia.
Mi segunda hija fue diferente desde el principio. Tan calmada, tan cariñosa, tan emocional. No fue hasta cuando consultamos a estos segundos profesionales cuando comprendimos que había distintos perfiles y que ella, diametralmente opuesta a su hermana, también podría pertenecer a este colectivo. Aún no tenemos confirmación pero por lo que sé, la genética influye, por lo que casi lo doy por hecho. Al igual que ocurre con la más pequeña de la familia, que ya comienza a despuntar.
Sin embargo, y a raíz de otra evaluación familiar, desde hace un tiempo hay algo que sigue rondándome la cabeza. Y es la posibilidad de que estemos hablando de perfiles de doble excepcionalidad. Eso le daría sentido a muchas experiencias a lo largo de mi vida, y que veo reflejadas desde otro ángulo en ellas mismas. Conductas que se intentan camuflar, o que se llevan camuflando durante años, pero que cada vez pueden esconderse menos a causa del agotamiento.
Y como se decía en aquel mítico programa, hasta aquí puedo leer. De momento sigo aprendiendo y abriendo los ojos gracias al maravilloso libro de Bea Sánchez «Pues no se te nota«. Sin duda el descubrimiento del año.

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